Un verano de sostenibilidad, salud y bienestar

Con este título resumimos la actividad cultural que, con el respaldo de la Facultad de Turismo de Oviedo, hemos desarrollado en nuestro querido auditorio Tito Fernández de San Esteban de Pravia. Verano del 2016.feliciano_27990046360_o

Arrancamos el 23 de junio con una mirada al futuro turístico sostenible de nuestra región de la mano de Jorge Vallina, biólogo y experto europeo en medioambiente. Con él analizamos las cuestiones clave que debería considerar una empresa turística y, especialmente, aquellas que basan su oferta en el entorno natural y los componentes culturales de su destino. Es decir, marca, posicionamiento y capacidad de atracción y conexión con la demanda del visitante del siglo XXI mediante estrategias de “social green marketing”.

Continuamos el 12 de julio con la ponencia “Cambios de conducta para la promoción de la feliciano_27655772073_osalud en el siglo XXI” del doctor en psicología Feliciano Ordóñez. Él nos recordó que cada vez que pensamos en “empezar a cuidarnos” deberíamos de poner en práctica una serie de cambios en nuestro comportamiento que, modificando pequeñas cosas, pueden reportar un beneficio para nuestra salud, agilizar nuestra memoria, controlar y paliar los efectos de enfermedades crónicas tipo diabetes y otros problemas cardiovasculares. En definitiva, mejorar nuestra calidad de vida.

El 23 de agosto concluimos el ciclo de actividades estivales con el taller de arte terapia de la doctora Ana Mª Siles, del que ya hemos hablado en nuestro anterior post. Ahora nos queda por delante un fabuloso invierno para poder madurar muchas más ideas y sugerencias que en estos meses han ido surgiendo.

Gracias a todos los que habéis participado en estas actividades, como organizadores, ponentes o como asistentes. Os deseamos una feliz temporada otoño-invierno y os emplazamos para las escuela de verano de 2017.

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Arte para el bienestar

Taller dirigido por la doctora Ana Siles.

23 Agosto 2016

Como cierre de las actividades culturales del verano, tuvimos la fortuna de disfrutar de algo distinto a lo que estamos acostumbrados en nuestro centro cultural de la vieja capilla, consistente en un taller en que los asistentes nos convertimos de nuevo en niños, para volcar en una lámina de dibujo y con lápices de colores, nuestros sentimientos y emociones en forma de un mandala colectivo.

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Esta actividad se enmarca dentro de la llamada arteterapia, entendida como una de las herramientas terapeúticas que utiliza la Antroposofía inspirada en R. Steiner. La arteterapia consiste en expresar de forma gráfica, el consciente y el inconsciente que se mueven en nuestro interior y que muchas veces no podemos expresar ni con palabras ni con gestos. Como cualquier tipo de expresión artística, este lenguaje emana de lo mas profundo de nuestro YO, permitiendo al terapeuta descubrir aspectos ocultos de nuestro ser.

Nuestro trabajo consistió en que cada participante diseñara en el centro de su cartulina el inicio de un mandala, según su propio criterio de diseño y colorido, que se iría completando de dentro a fuera por las manos y el arte de sus compañeros de mesa. En cada paso, y una vez trascurrido el tiempo asignado por la monitora, se pasaría el mandala al compañero de la derecha, siguiendo así el sentido contrario de las agujas del reloj. Un vez que el mandala de todos los participantes hubo dado la vuelta completa a la mesa, llegaría de nuevo a manos de quien lo había iniciado, es decir, al verdadero autor del mismo.

Cada uno de nosotros pudo ver, cómo el mandala por él creado había ido creciendo y conformándose gracias a la interacción de todos. Es decir, el resultado final había sido una verdadera demostración de trabajo en equipo, al igual que todo lo que ocurre en la vida.

Esto ha sido solo una pequeña muestra, pero que sepamos que la pintura terapéutica nos brinda la posibilidad de conectar y revelar nuestro interior, y si contamos con un terapeuta adecuado, este interior podrá salir a la luz, proporcionándonos una herramienta importantísima en el camino de la vida.

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Virgencita del Carmen

Juan Ignacio Vara Herrero

 

Virgencita del Carmen,

marinera,

Nalón abajo vienen

nuestras penas

y tú las vas curando

en sal y arena.

Eres faro y abrazo

en esta tierra

que vive en tu sonrisa

de palmera,

Virgencita del Carmen,

marinera.

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Es el cuarto año que he recalado por S. Esteban, desde mi Barakaldo, que en un tiempo mantuvo con este puerto un correo marítimo de carbón para sus Altos Hornos. Cada año, algo se me ha quedado prendido en estos aires, estas brumas, estos atardeceres. Desde algo de mi piel en las rocas escondidas bajo la espuma sorollesca de El Garrucho hasta algo de mi alma en la calma lunera de las noches con marea alta.

Nunca he podido quedarme muchos días, por lo que mis vivencias son pinceladas un tanto nerviosas. Las primeras veces, hice muchas fotografías porque mi cámara y yo mismo éramos espectadores de paisajes. Luego, los bosques, la bocana del puerto, el faro, la ría y el río, el aire salino, la brisa cuando el sol se deja caer suavemente sobre el horizonte… como que me han fotografiado a mí o, mejor dicho, me han radiografiado y podría suceder que algún médico de adentros encontrara por cerca de mi corazón algún rincón de este microcosmos que es S. Esteban.

Este año se me pude participar, con su gente, en la fiesta del Carmen. Saborear ese extraño cocktail de fervor popular auténtico, tradición flolklórica, recuerdos de días pasados anudados en un pañuelo negro, procesión por el puerto y hasta el mar, chiquillos de primera comunión y autoridades, orgullo de portar una imagen en andas, que hasta la Carmela navegaba orgullosa con la Virgen del Carmen de pasajera. Y una luz regocijada bailando en las 40 embarcaciones que acompañaban el cortejo, que el viento se quedó en brisa para que el agua estuviera viva y cariñosa.

Y los amigos. Esos amigos que mueven la vida de una comunidad sin tocar las campanas porque lo suyo es ofrecer pinceladas de hondo respiro y posibilidad de encuentro. Amigos con los que tomar un vino y tomarle el pulso a la realidad inmediata usando ecógrafos diferentes y cantarla en pentagramas unísonos. Amigos que hacen que uno se sienta formando parte del aquí y ahora porque el discurrir mismo del tiempo y la sangre de cada uno y de todos se ha hecho ancho como el Nalón que se abraza con el mar todos los día en una canción infinita de tiempo y luna.

Me subo al chucuchucu tren que me trajo hasta aquí y que de aquí me arranca y ya estoy pensando en cuándo será el volver. Aquí donde vivo, hay también una hornacina, sobre la ría, desde la que una Virgen del Carmen ha cuidado desde antiguo a sus gentes del mar. Camino con frecuencia hasta allí. Y cuando le rezo “Virgencita del Carmen, marinera…” mi ría y el Nalón se acompasan. A ambos les espera la mar.

Meditación sobre la marcha

Carmen Álvarez Herrero

“Camina como si en cada paso dieras un beso a la tierra”. (inspirado en Thich Nhat Hanh)

Para quienes sentarse y no hacer nada resulte superior a sus fuerzas, o no encuentre tiempo para ello, existe la posibilidad de meditar mientras se está en movimiento. Es lo que podríamos llamar meditación sobre la marcha, en la que se puede estar en total presencia mientras se realiza una actividad repetitiva, como caminar, correr, o ir en bicicleta. De hecho, la actividad física, per se, ayuda a aquietar la mente.

Meditar en movimiento es una oportunidad maravillosa para percibir las pequeñas cosas que ocurren a nuestro alrededor y que suelen pasar desapercibidas, porque cuando vivimos con prisa, la mente nos saca del presente para llevarnos al pasado o al futuro. Así, si estamos conscientes mientras caminamos por la naturaleza, nos puede sorprender una flor pequeñita que sale de la grieta de una roca, o el brillo del rocío sobre la hierba. Son pequeños momentos deliciosos que nos enriquecen, al tiempo que nos recuerdan que de cada instante de nuestra vida, bien podemos empaparnos de su sabiduría, o desperdiciarlo, según elijamos vivirlo desde la conciencia o desde el automatismo.

Meditar sobre la marcha es fácil, no hay que caminar ni respirar de ninguna forma especial, simplemente abrir de par en par la conciencia y poner atención en nuestra forma de caminar, sintiendo como los pies se posan, se levantan del suelo y se van turnando en tomar la iniciativa hacia delante. De forma alternativa, podemos abrir nuestros sentidos al entorno, percibiendo la luz, las formas, los colores, los sonidos, los aromas. También podemos recitar un mantra simple, acompasado con nuestro ritmo de marcha, que nos ayudará a mantener la atención consciente en el aquí y ahora del momento.

Meditar sobre la marcha añade a los beneficios del ejercicio físico, flexibilidad emocional y paz de espíritu. ¿Quien da más por menos?

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Meditación sobre la marcha

Nuestros huesos empezaron a formarse en una estrella

M. Carmen Álvarez Herrero
Este es el reclamo de un artículo científico que llegó a mi ordenador. Su lectura ilustra con detalle, cómo átomos de Calcio que se formaron en el núcleo de una estrella hace 13 billones de años, han llegado a “aterrizar” en la tierra tras ser transportados por vientos estelares, logrando finalmente recalar en el tejido de nuestros huesos, de los que en este momento son una parte. Y sabemos, que no solo el calcio, sino otros átomos pesados que conforman nuestro cuerpo, como el Oxigeno, o el Hierro, han vivido una aventura intergaláctica parecida. Cuando, Dios sabe, dentro de eones hagan el viaje interespacial de vuelta, es posible que nuestros átomos vuelvan a formar, de nuevo, parte del polvo de otra estrella.

Polvo de estrellas
La noticia no es algo nuevo, pero el simple recordatorio del viaje intergaláctico de ida y vuelta de los átomos de Calcio, y de otros átomos pesados, me ha sobrecogido, y me ha ayudado a recordar cuán pequeños y cuán grandes somos al mismo tiempo. Aquí viene a colación eso de que: “somos estrellas con nombres de personas”. ¿Nos hemos preguntado alguna vez, cual es la nuestra…?
— Tu no eres pequeño.
— Tú no eres indigno.
— Tú no eres insignificante.
— El universo te dio forma a partir de una constelación.
— De modo que cada uno de tus átomos y de tus fibras, proceden de una estrella distinta
— En conjunto, tu estás hecho de polvo de estrellas, grandiosamente creado a partir de la energía del propio universo.
— Y eso, querido mío, es la poesía de la física, o sea, tu propia poesía

Tomado del poema en inglés de la joven artista Nikita Gill. (La traducción es de una servidora)

Nuestra nube de microbios

Carmen Álvarez Herrero

Se sabe desde hace años que conviven amistosamente con nosotros, millones y nube de mcrobiosmillones de microbios (microbiota), repartidos por mucosas y piel, de forma tal, que dejamos su rastro en cualquier sitio que tocamos, como la taza de café o el botón del ascensor. Sin embargo, no parece que el contacto físico sea la única forma de intercambio de microorganismos entre humanos, según una noticia reciente de la revista Science. Esta revela que cada persona genera a su alrededor una nube microbiana, que parece única y exclusiva de cada persona, como si de una huella digital o de ADN se tratara.

Aunque es prematuro precisar el tamaño de la “niebla” microbiana que nos envuelve, el equipo científico estima que nuestros microbios flotan en el aire en un radio de unos 90 centímetros, lo que supone que cuando compartimos un espacio reducido con otras personas, como el metro o el autobús en horas punta, hay una alta probabilidad de intercambio de microbios entre los allí presentes, o dicho de otra forma, que en espacios abarrotados de gente cada persona se lleva un souvenir de sus vecinos mas próximos.

Trasladando esta noticia a un plano más metafísico, me resulta inmediato pensar en la similitud entre esta nubecilla microbiana con el campo magnético y el aura, que sin duda son también únicos y exclusivos de cada ser vivo. Por otro lado, este posible trueque de microbios entre personas próximas en el espacio, tiene cierto paralelismo con el intercambio de energías mas o menos sutiles, y las sensaciones más o menos gratificantes que estas nos generan, dependiendo del grado de empatía que sintamos con las personas de nuestro entorno. En fin, a la hora de especular dejemos que nuestra imaginación fluya libremente y libre trabas.

Más vale tarde que nunca

Carmen Álvarez Herrero

El premio Nobel de Fisiología y Medicina del 2015 ha sido concedido a tres investigadores, por haber descubierto tratamientos innovadores contra enfermedades causadas por parásitos, como lombrices intestinales (p.e. Filariasis) y Malaria, con las drogas Avermectina y Artemisinina, respectivamente. Los galardonados tienen en común el haber apostado por buscar en la naturaleza los remedios contra enfermedades.

premio NobelPor un lado, el microbiólogo japonés Satishi Omura, buscando principios bioactivos en bacterias del grupo Streptomyces, que viven en el suelo, descubrió la Avermectina. Posteriormente el científico británico William Campbell demostró que este producto era altamente eficaz contra parásitos de animales y humanos. Los dos artículos derivados de estos hallazgos se publicaron en 1979.

Por otra parte, la terapeuta china Youyou Tu que usaba plantas de su medicina tradicional para combatir la malaria, encontró que la Artemisa annua resultaba ser buena candidata para explorar su potencial. Tras rebuscar en los viejos tratados de medicina china, dio con el método adecuado para extraer su principio activo, la Artemisina. Finalmente. Tu demostró que esta sustancia era altamente efectiva contra la malaria, tanto en animales como en humanos y que su alta actividad era debida a que actúa sobre un estadio temprano del parásito. Los hallazgos de Tu fueron publicados en 1981.

La noticia del galardón tiene una triple lectura de bienvenida: 1): Los principios activos a los que alude, se obtienen directamente de organismos vivos, sin requerir complejos procesos de aislamiento y purificación, lo que reafirma la tesis de que “la farmacia está en la naturaleza”. 2- Las enfermedades parasitarias a las que van dirigidos, afectan a las poblaciones mas pobres del mundo, y la facilidad para extraerlos de organismos, en los que la madre tierra es generosa, hace que los tratamientos sean “supuestamente” muy asequibles. 3) Haber concedido el premio más prestigioso del mundo a científicos de “a pie” que no figuran en ningún “ranking” de popularidad; es más Y.Tu, “simplemente” pertenece a la Academia de Medicina Tradicional China. Por todo ello, debemos felicitar al comité del Nobel de este año, por haber puesto sus ojos en temas e investigadores, con perfiles mucho mas humildes de los que estamos habituados a ver.

Sin embargo, hay algo que llama la atención y que suscita ciertas suspicacias: el hecho de que hayan transcurrido 25 años desde la publicación de los “trabajos semillas” de estos premios y el reconocimiento de su repercusión en la medicina mundial. Esto nos hace pensar en posibles resistencias de tipo político/económico que finalmente han sido soslayadas por la cordura del comité del Nobel. Por tanto, parece oportuno decir aquello de que “mas vale tarde que nunca”