Rubén Darío en el Bajo Nalón

Entre todos los países que Rubén Darío debió visitar gracias a su cargo diplomático, España fue siempre un destino especial para él. Más allá de las disquisiciones literarias acerca de si el Modernismo español ha sido definido por su obra o ya existía previamente a su llegada, creo que fue su figura como defensor de la causa española de finales del siglo XIX la que hizo al poeta especial para España.

En nuestro país, Darío tuvo destinos que su cargo y su quehacer literario le obligaron a visitar en cada uno de sus viajes. Pero entre todos los rincones, hubo uno que el poeta eligió para descansar y no para trabajar, un rincón que le daba el sosiego que su alma un poco lastimada de tristezas y enfermedades necesitaba de tanto en tanto. Ese rincón fue nada menos que el Bajo Nalón.

Entre 1905 y 1909, Darío veraneó en San Esteban de Pravia y San Juan de la Arena, y de su estancia en ambos pueblos dejan constancia tanto sus propios escritos como las crónicas que han sobrevivido al paso del tiempo. Sabemos, por ejemplo, que en San Esteban se alojó en la fonda “El Brillante” y que visitó con frecuencia la residencia de su amigo Rafael Altamira, con quien solía pasear hasta el mirador del “Espíritu Santo”, en Muros de Nalón. Las malas lenguas comentan que el poeta, en sus largas caminatas junto con su amigo, llegaba hasta la cumbre de “Monteagudo” y que allí, borracho, declamaba versos oscuros con la mirada puesta en la desembocadura del Nalón.

Río Nalón

También sabemos que en San Juan de la Arena se hospedó en una de las casas del indiano Feliciano Menéndez, y que hasta allí viajaron a visitarle los noventayochistas Azorín y Pérez de Ayala. “El mar -les dijo el poeta en cierta ocasión- llega algunas veces, cuando hay tormenta, hasta lamer los muros de esta casa. Las barcas de los pescadores saltan entonces entre olas inmensas, luchando por entrar, en tanto que aquí, en la orilla, las mujeres gritan y rezan angustiadas…”

Qué es verdad y qué leyenda en estas historias, nunca lo sabremos con suficiente certeza, y creo que tampoco hace falta. Lo importante es que uno de los más grandes poetas de la lengua española estuvo aquí, contemplando el Nalón, admirando el Cantábrico, caminando nuestros pueblos y montes. Su recuerdo no debería quedar solo en el nombre conmemorativo de una calle. Pienso que sería hermoso rescatar aquella “Ruta de Rubén Darío” que alguna vez existió al menos en los folletos turísticos. Sería como un homenaje, también una muestra de gratitud.

DIEGO RIBEIRA LÓPEZ

Propietario del “Café-bar MUROS”

 

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2 Respuestas a “Rubén Darío en el Bajo Nalón

  1. La energia y la sensibilidad del poeta estan todavia flotando en la atmósfera de estos pueblos. Eso ni desaparece ni se diluye con el tiempo.

  2. Isabel Álvarez

    También vivió en una casa de Riberas, donde conservan el escritorio donde solía componer sus versos.

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