El Ancla en Tierra

Ancla en San Esteban de Pravia

Ancla en San Esteban de Pravia

Casi no veo la ría, porque todo es una plomiza cortina neblinosa. El sol debe estar trabajando de lo lindo para poder asomarse y poner color al pueblo. Bueno, siendo Cantábrico, este mar tiene que hacer sus días “de retiro”, cuando los horizontes de disuelven y todas las aguas, las del cielo, las del mismo mar y las del río se hacen una y se cuentan sus historias de poetas, pescadores y soñadores de todos los géneros y edades.

Se me termina el tiempo de charlar con el mar en esta costa privilegiada y sorprendente. Los días de caminar el largo paseo del muelle y los más pequeños que serpentean por la ladera. Las horas de compartir con la sociedad casi familiar momentos distintos de color e idénticos de sentido: desde una conferencia sobre temas de historia comarcal hasta una maravillosa película de Kurosawa, pasando por una comida popular en las mesas extendidas a lo largo del paseo. Según me informan, tamaña actividad se debe en buena parte al interés y esfuerzo de algunos residentes de todo el año, al que se han vinculado personas que se sienten del pueblo aunque pasen muchos meses lejos de este mar.

Cuando, desde la simpatía que el pueblo provoca, se mira un poco hacia atrás, es casi de recibo ir a dar con las noticias de la estancia por estas tierras de Rubén Darío y con los textos que dejó, inspirados en lo que sus ojos veían, cuando S. Esteban estrenaba ferrocarril y las rutas carboneras apuntaban hacia su puerto, que llegaría a ser uno de los más importantes de pequeño cabotaje. Desde entonces, ha pasado un siglo, el tren sigue llegando algunas veces cada día, siempre traqueteante, con una máquina eléctrica y las mismas vías estrechas; el carbón es solo un recuerdo de sabores variopintos, las vías carboneras, los cargaderos y las grúas se han conservado para que los pocos niños que hay no piensen que sus abuelos inventan…

Mañana por la mañana recorreré la orilla del Nalón de regreso a casa. Allí también tengo una ría un tanto más “municipal y espesa”, donde recalo con frecuencia para seguir contando mis cuentos al mar, que me devuelve los suyos… Los montes son igual de verdes que los de S. Esteban. Solo la paz ambiente no es la misma. Pero, a fin de cuentas, la que ayuda a vivir es la que uno es capaz de darse cuando amanece cada día…

Sigue lloviendo, “garuando” dirían por donde yo me sé, con xirimiri, orbayando… Sigo sin ver la ría. Pero está ahí y estará, hasta que vuelva…

Juan Ignacio Vara Herrero

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Una respuesta a “El Ancla en Tierra

  1. Aunque este verano ha lucido el sol casi todos los dias, tambien se ha dado un respiro, para que el frescor de la lluvia regara el verde amarilleante del paisaje. Realmente en San Esteban es dificil distinguir la tierra del agua y el agua de la tierra, por lo que no sorprende ver una ancla clavada en una isleta en mitad del paseo. ¡Un auténtico símbolo del pueblo!

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