La senda costera y el Camino de Santiago

M. Carmen Álvarez Herrero.

Los que nos movemos por el entorno del bajo Nalón, sin duda nos han llamado la atención indicadores muy vistosos, señalando por donde deben ir los peregrinos del Camino de Santiago. Y es que la ruta del Norte, que arranca de Irún y termina en Santiago de Compostela, también pasa por nuestro concejo de Muros.
Para infortunio de los caminantes, la versión “oficial” del tramo desde Soto del Barco al Pitu, y que atraviesa el pueblo de Muros de Nalón, discurre mayoritariamente por la carretera nacional N-631. Este hecho, para los que hemos vivido la maravillosa experiencia de hacer a pie el “camino”, no resulta gratificante, ya que pisar asfalto adornado con el ruido del tráfico, resulta bastante desagradable además de peligroso. Así el caminante va buscando sendas de tierra o hierba, donde al pisar, los pies brincan de pura alegría, como si de una moqueta se tratara. Por tanto, los tramos del camino que se mantienen por las antiguas sendas, son bienvenidos, aunque por desgracia cada vez son menos frecuentes al haber sido invadidos por las nuevas carreteras.
Sin embargo, para la etapa que nos ocupa, que pasa por Muros de Nalón, existe una buena alternativa para evitar la carretera, que es desviarse hacia San Esteban de Pravia y tomar desde ahí la “senda costera” que discurre desde la playa del Garruncho hasta la del Aguilar, que por cierto, esta maravillosamente acondicionada. Esta senda, que probablemente no se concibió para hacer mas liviana y atractiva la ruta Norte del “camino”, lo ha conseguido sin quererlo. Asciende en su tramo inicial por una escalinata hasta coronar la ermita del Espíritu Santo, y en los poco más de 4 Kms restantes, solo hay que dejarse llevar por los indicadores y por la belleza de sus rincones y miradores, que se asoman al mar. La belleza de esta senda consigue envolver a sus transeúntes en una atmósfera mágica difícil de describir, siendo por tanto un buen regalo para los que van cargados con sus mochilas y muchos kilómetros acumulados en sus recias botas.
Por fortuna, he constatado en este verano del 2015, que muchos peregrinos habían abandonado el camino oficial y optado por este paraíso del caminante. La foto, que acompaña este escrito, recoge el tendal que con sus bastones, había improvisado ingeniosamente una peregrina alemana en la playa del Aguilar. Mientras su ropa se secaba, ella jugaba con las olas y con los rayos del sol de aquella mañana luminosa del día de la “Santina”.

ropa de peregrino

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