Virgencita del Carmen

Juan Ignacio Vara Herrero

 

Virgencita del Carmen,

marinera,

Nalón abajo vienen

nuestras penas

y tú las vas curando

en sal y arena.

Eres faro y abrazo

en esta tierra

que vive en tu sonrisa

de palmera,

Virgencita del Carmen,

marinera.

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Es el cuarto año que he recalado por S. Esteban, desde mi Barakaldo, que en un tiempo mantuvo con este puerto un correo marítimo de carbón para sus Altos Hornos. Cada año, algo se me ha quedado prendido en estos aires, estas brumas, estos atardeceres. Desde algo de mi piel en las rocas escondidas bajo la espuma sorollesca de El Garrucho hasta algo de mi alma en la calma lunera de las noches con marea alta.

Nunca he podido quedarme muchos días, por lo que mis vivencias son pinceladas un tanto nerviosas. Las primeras veces, hice muchas fotografías porque mi cámara y yo mismo éramos espectadores de paisajes. Luego, los bosques, la bocana del puerto, el faro, la ría y el río, el aire salino, la brisa cuando el sol se deja caer suavemente sobre el horizonte… como que me han fotografiado a mí o, mejor dicho, me han radiografiado y podría suceder que algún médico de adentros encontrara por cerca de mi corazón algún rincón de este microcosmos que es S. Esteban.

Este año se me pude participar, con su gente, en la fiesta del Carmen. Saborear ese extraño cocktail de fervor popular auténtico, tradición flolklórica, recuerdos de días pasados anudados en un pañuelo negro, procesión por el puerto y hasta el mar, chiquillos de primera comunión y autoridades, orgullo de portar una imagen en andas, que hasta la Carmela navegaba orgullosa con la Virgen del Carmen de pasajera. Y una luz regocijada bailando en las 40 embarcaciones que acompañaban el cortejo, que el viento se quedó en brisa para que el agua estuviera viva y cariñosa.

Y los amigos. Esos amigos que mueven la vida de una comunidad sin tocar las campanas porque lo suyo es ofrecer pinceladas de hondo respiro y posibilidad de encuentro. Amigos con los que tomar un vino y tomarle el pulso a la realidad inmediata usando ecógrafos diferentes y cantarla en pentagramas unísonos. Amigos que hacen que uno se sienta formando parte del aquí y ahora porque el discurrir mismo del tiempo y la sangre de cada uno y de todos se ha hecho ancho como el Nalón que se abraza con el mar todos los día en una canción infinita de tiempo y luna.

Me subo al chucuchucu tren que me trajo hasta aquí y que de aquí me arranca y ya estoy pensando en cuándo será el volver. Aquí donde vivo, hay también una hornacina, sobre la ría, desde la que una Virgen del Carmen ha cuidado desde antiguo a sus gentes del mar. Camino con frecuencia hasta allí. Y cuando le rezo “Virgencita del Carmen, marinera…” mi ría y el Nalón se acompasan. A ambos les espera la mar.

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Una respuesta a “Virgencita del Carmen

  1. M. Carmen Alvarez

    Quienes hemos tenido la suerte de vivir en directo la fiesta del Carmen de este verano, nos damos cuenta de que el relato poético de Juan Ignacio recoge con todo detalle la fiesta del paseo de la Virgen por la ría del Nalón.

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