Nuestros huesos empezaron a formarse en una estrella

M. Carmen Álvarez Herrero
Este es el reclamo de un artículo científico que llegó a mi ordenador. Su lectura ilustra con detalle, cómo átomos de Calcio que se formaron en el núcleo de una estrella hace 13 billones de años, han llegado a “aterrizar” en la tierra tras ser transportados por vientos estelares, logrando finalmente recalar en el tejido de nuestros huesos, de los que en este momento son una parte. Y sabemos, que no solo el calcio, sino otros átomos pesados que conforman nuestro cuerpo, como el Oxigeno, o el Hierro, han vivido una aventura intergaláctica parecida. Cuando, Dios sabe, dentro de eones hagan el viaje interespacial de vuelta, es posible que nuestros átomos vuelvan a formar, de nuevo, parte del polvo de otra estrella.

Polvo de estrellas
La noticia no es algo nuevo, pero el simple recordatorio del viaje intergaláctico de ida y vuelta de los átomos de Calcio, y de otros átomos pesados, me ha sobrecogido, y me ha ayudado a recordar cuán pequeños y cuán grandes somos al mismo tiempo. Aquí viene a colación eso de que: “somos estrellas con nombres de personas”. ¿Nos hemos preguntado alguna vez, cual es la nuestra…?
— Tu no eres pequeño.
— Tú no eres indigno.
— Tú no eres insignificante.
— El universo te dio forma a partir de una constelación.
— De modo que cada uno de tus átomos y de tus fibras, proceden de una estrella distinta
— En conjunto, tu estás hecho de polvo de estrellas, grandiosamente creado a partir de la energía del propio universo.
— Y eso, querido mío, es la poesía de la física, o sea, tu propia poesía

Tomado del poema en inglés de la joven artista Nikita Gill. (La traducción es de una servidora)

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Nuestra nube de microbios

Carmen Álvarez Herrero

Se sabe desde hace años que conviven amistosamente con nosotros, millones y nube de mcrobiosmillones de microbios (microbiota), repartidos por mucosas y piel, de forma tal, que dejamos su rastro en cualquier sitio que tocamos, como la taza de café o el botón del ascensor. Sin embargo, no parece que el contacto físico sea la única forma de intercambio de microorganismos entre humanos, según una noticia reciente de la revista Science. Esta revela que cada persona genera a su alrededor una nube microbiana, que parece única y exclusiva de cada persona, como si de una huella digital o de ADN se tratara.

Aunque es prematuro precisar el tamaño de la “niebla” microbiana que nos envuelve, el equipo científico estima que nuestros microbios flotan en el aire en un radio de unos 90 centímetros, lo que supone que cuando compartimos un espacio reducido con otras personas, como el metro o el autobús en horas punta, hay una alta probabilidad de intercambio de microbios entre los allí presentes, o dicho de otra forma, que en espacios abarrotados de gente cada persona se lleva un souvenir de sus vecinos mas próximos.

Trasladando esta noticia a un plano más metafísico, me resulta inmediato pensar en la similitud entre esta nubecilla microbiana con el campo magnético y el aura, que sin duda son también únicos y exclusivos de cada ser vivo. Por otro lado, este posible trueque de microbios entre personas próximas en el espacio, tiene cierto paralelismo con el intercambio de energías mas o menos sutiles, y las sensaciones más o menos gratificantes que estas nos generan, dependiendo del grado de empatía que sintamos con las personas de nuestro entorno. En fin, a la hora de especular dejemos que nuestra imaginación fluya libremente y libre trabas.

Más vale tarde que nunca

Carmen Álvarez Herrero

El premio Nobel de Fisiología y Medicina del 2015 ha sido concedido a tres investigadores, por haber descubierto tratamientos innovadores contra enfermedades causadas por parásitos, como lombrices intestinales (p.e. Filariasis) y Malaria, con las drogas Avermectina y Artemisinina, respectivamente. Los galardonados tienen en común el haber apostado por buscar en la naturaleza los remedios contra enfermedades.

premio NobelPor un lado, el microbiólogo japonés Satishi Omura, buscando principios bioactivos en bacterias del grupo Streptomyces, que viven en el suelo, descubrió la Avermectina. Posteriormente el científico británico William Campbell demostró que este producto era altamente eficaz contra parásitos de animales y humanos. Los dos artículos derivados de estos hallazgos se publicaron en 1979.

Por otra parte, la terapeuta china Youyou Tu que usaba plantas de su medicina tradicional para combatir la malaria, encontró que la Artemisa annua resultaba ser buena candidata para explorar su potencial. Tras rebuscar en los viejos tratados de medicina china, dio con el método adecuado para extraer su principio activo, la Artemisina. Finalmente. Tu demostró que esta sustancia era altamente efectiva contra la malaria, tanto en animales como en humanos y que su alta actividad era debida a que actúa sobre un estadio temprano del parásito. Los hallazgos de Tu fueron publicados en 1981.

La noticia del galardón tiene una triple lectura de bienvenida: 1): Los principios activos a los que alude, se obtienen directamente de organismos vivos, sin requerir complejos procesos de aislamiento y purificación, lo que reafirma la tesis de que “la farmacia está en la naturaleza”. 2- Las enfermedades parasitarias a las que van dirigidos, afectan a las poblaciones mas pobres del mundo, y la facilidad para extraerlos de organismos, en los que la madre tierra es generosa, hace que los tratamientos sean “supuestamente” muy asequibles. 3) Haber concedido el premio más prestigioso del mundo a científicos de “a pie” que no figuran en ningún “ranking” de popularidad; es más Y.Tu, “simplemente” pertenece a la Academia de Medicina Tradicional China. Por todo ello, debemos felicitar al comité del Nobel de este año, por haber puesto sus ojos en temas e investigadores, con perfiles mucho mas humildes de los que estamos habituados a ver.

Sin embargo, hay algo que llama la atención y que suscita ciertas suspicacias: el hecho de que hayan transcurrido 25 años desde la publicación de los “trabajos semillas” de estos premios y el reconocimiento de su repercusión en la medicina mundial. Esto nos hace pensar en posibles resistencias de tipo político/económico que finalmente han sido soslayadas por la cordura del comité del Nobel. Por tanto, parece oportuno decir aquello de que “mas vale tarde que nunca”

Verano de 2015

Cuando llegan las primeras borrascas de septiembre anunciando el otoño, y la lluvia invita a recogerse en casa, es tentador sentarse ante el ordenador para hacer un repaso del verano transcurrido y así saborear las actividades desarrolladas en nuestro concejo.

Por tanto, en este blog creado para alentar la vida cultural de Muros y San Esteban, encaja recordar las actividades lúdico/culturales de los meses de julio y agosto. Entre ellas hay que destacar las programadas en la tercera edición de la Escuela de Verano de la Facultad de Turismo de Oviedo y del Ciclo de cine al aire libre.

Cursos de Verano 2015

 Por lo que al ciclo de cine respecta, el director asturiano, José Antonio Quirós, inauguró el ciclo de cine de verano en el puerto de San Esteban de Pravia.
José Antonio Quirós, uno de los directores asturianos de cine más comprometidos, se trasladó al puerto de San Esteban (Muros de Nalón) con motivo de la inauguración del ciclo de cine al aire libre en los cargaderos del puerto. Este año arrancó con la proyección de la película “Cenizas del Cielo”, pionera en el cine español de motivación ecológica y a la proyección le siguió un coloquio en el que el numeroso público asistente pudo interactuar con el director de la película.
Esta actividad de verano, promovida por el Náutico San Esteban y apoyada por el Ayuntamiento de Muros de Nalón, continuó todos los viernes hasta el último de agosto, con proyección de películas rodadas en Asturias o con dirección asturiana.
Con esta actividad, el Nautico San Esteban amplía la oferta de cultura y ocio vacacional, además de sus actividades deportivas.

La senda costera y el Camino de Santiago

M. Carmen Álvarez Herrero.

Los que nos movemos por el entorno del bajo Nalón, sin duda nos han llamado la atención indicadores muy vistosos, señalando por donde deben ir los peregrinos del Camino de Santiago. Y es que la ruta del Norte, que arranca de Irún y termina en Santiago de Compostela, también pasa por nuestro concejo de Muros.
Para infortunio de los caminantes, la versión “oficial” del tramo desde Soto del Barco al Pitu, y que atraviesa el pueblo de Muros de Nalón, discurre mayoritariamente por la carretera nacional N-631. Este hecho, para los que hemos vivido la maravillosa experiencia de hacer a pie el “camino”, no resulta gratificante, ya que pisar asfalto adornado con el ruido del tráfico, resulta bastante desagradable además de peligroso. Así el caminante va buscando sendas de tierra o hierba, donde al pisar, los pies brincan de pura alegría, como si de una moqueta se tratara. Por tanto, los tramos del camino que se mantienen por las antiguas sendas, son bienvenidos, aunque por desgracia cada vez son menos frecuentes al haber sido invadidos por las nuevas carreteras.
Sin embargo, para la etapa que nos ocupa, que pasa por Muros de Nalón, existe una buena alternativa para evitar la carretera, que es desviarse hacia San Esteban de Pravia y tomar desde ahí la “senda costera” que discurre desde la playa del Garruncho hasta la del Aguilar, que por cierto, esta maravillosamente acondicionada. Esta senda, que probablemente no se concibió para hacer mas liviana y atractiva la ruta Norte del “camino”, lo ha conseguido sin quererlo. Asciende en su tramo inicial por una escalinata hasta coronar la ermita del Espíritu Santo, y en los poco más de 4 Kms restantes, solo hay que dejarse llevar por los indicadores y por la belleza de sus rincones y miradores, que se asoman al mar. La belleza de esta senda consigue envolver a sus transeúntes en una atmósfera mágica difícil de describir, siendo por tanto un buen regalo para los que van cargados con sus mochilas y muchos kilómetros acumulados en sus recias botas.
Por fortuna, he constatado en este verano del 2015, que muchos peregrinos habían abandonado el camino oficial y optado por este paraíso del caminante. La foto, que acompaña este escrito, recoge el tendal que con sus bastones, había improvisado ingeniosamente una peregrina alemana en la playa del Aguilar. Mientras su ropa se secaba, ella jugaba con las olas y con los rayos del sol de aquella mañana luminosa del día de la “Santina”.

ropa de peregrino

De nuevo el mar…

Un año más, he recalado por estas costas. Esta vez, cuando agosto se despide y Playa del Garrunchoya no se puede leer en la playa a las diez de la noche. El mar está ahí, en este juego de siglos de convertir en cantos rodados las rocas del acantilado. Cada vez que me pregunto cuándo comenzó el juego, me entra un vértigo cosquilleante, porque yo todavía no era parte del mundo, seguro. Y, cuando ya no pueda venir a jugar con esas piedras pulidas en las mareas altas, seguirán en el traqueteo continuo de las maracas… Desde el misterio, espero que se escuche el mar.

Vuelvo siempre al rincón en que es imposible no preguntarse si es la luz quien se ha hecho mar o es el mar quien se hace luz en cada embestida juguetona, bordada de espuma. Te puedes quedar un buen rato simplemente mirando… ¡y viendo! Si te dejas ir en cuanto te dicen los ojos, navegarás más allá del tiempo, justo hasta cuando el aire se ponga más frío y notes en los pulmones una bruma incipiente.

Entonces regresas a los viejos muelles, por donde el río se marida con el mar… y vuelve la calma, con cualquier marea, con cualquier sol, con cualquier luna. Te sabes parte del misterio que no para de ser él mismo. Porque en ese momento, el mar sigue jugando a pulir las piedras, simplemente para que sean y estén

Juan Ignacio Vara Herrero

Playa del Garruncho

 

playa del garruncho

Una tarde de los primeros días de Septiembre cuando la trayectoria del sol va marcando el anuncio del otoño, se me antojó apostarme con mi cámara de fotos en los escalones de acceso a la playa del Garruncho en San Esteban de Pravia, Muros de Nalón. Encontré al mar en marea alta, rugiente y malhumorado, aunque no demasiado; justo lo suficiente para ofrecer un espectáculo bellísimo, pero en ningún momento amenazante para quien intentaba refrescar su cara con las partículas diminutas que se desprenden al romper las olas.
La experiencia me cautivó y allí me mantuve durante mas de una hora, intentando entender el misterio de esta playa, o pedregal, y de ese embrujo que atrae a propios y extraños. Fruto de más de un centenar de fotos que disparé, he elegido esta muestra, donde se ilustra el cambio de luz del atardecer, de un plateado tímido a un dorado fulgurante.
El Garruncho espera cada año a los visitantes de verano, y a veces, como este año, mostrándonos una nueva cara, fruto de las batallas que ha tenido que lidiar con los temporales. ¡Hasta el verano próximo y que tengas buen invierno!

Playa del garruncho